¿Ser superdotado es incompatible con ser feliz?
¿Ser superdotado es
incompatible con ser feliz?
El lenguaje crea realidad. El pesimismo ante las altas capacidades puede
generar mucha angustia en los niños y en sus familias
No son los hechos los que generan las
emociones, sino la interpretación que hacemos de ellos. Estas son dos máximas
en psicología que no deberíamos olvidar nunca. De cómo hablemos de algo, de
cómo lo expresemos va a depender la interiorización que hagamos de ello y
nuestra visión que, además, tenderá a generalizarse a todo lo que pueda estar
relacionado.
Una misma circunstancia o hecho produce
emociones diferentes según la persona, por lo que la reacción emocional
dependerá de la interpretación que hagamos del hecho y no del hecho en sí. La
circunstancia se transforma en relato y atraviesa nuestro filtro de creencias
en cuya base se encuentra lo vivido, nuestra psicobiografía.
Y luego está lo que vende. El drama vende
mucho más que la felicidad. El drama, la tragedia, es enormemente atractiva
para todo un mercado que vive de ella. Parecería que estamos programados para
poner el foco en lo que no funciona más que en lo útil, en lo que nos falta y
no en lo que tenemos. Parecería que encontramos consuelo en el drama ajeno o
hacemos una suerte de catarsis por poderes con el dolor y la insatisfacción de
otros.
Es imprescindible cambiar esa visión, a
caballo entre lo oscuro, lo raro, lo excéntrico y lo simplista o negador. No
hablo de normalizar, muy al contrario. Hablo de naturalizar la diferencia y no
añadir más prejuicios al asunto. Haz esta prueba: si tecleas “superdotado” en
Google te van a salir al primer pantallazo 16 imágenes de niños con gafas con
una pizarra detrás con fórmulas matemáticas. Es decir, la cultura nos dice que
ser superdotado es tener gafas y ser un as de las matemáticas. Y tocar el
violín.
Y luego está la profecía del fracaso
escolar sobrevolando sobre las cabezas de los “demasiado” inteligentes, y el
pronóstico de infelicidad en lo personal, y la creencia de su dificultad para
relacionarse…
Para Mihaly Csikszentmihalyi, considerado
el investigador más importante del mundo en el ámbito de la Psicología
Positiva, la felicidad es el resultado de un estado de flujo o fluidez. Este
ocurre cuando estamos tan inmersos en una actividad que el tiempo se detiene, absortos
a todo cuanto ocurre a nuestro alrededor, experimentando una sensación de
placer continuo. Cuando ese estado es un reto y conduce al crecimiento
personal, reporta satisfacción y plenitud, lo que se traduce en un estado de
felicidad.
La mayoría de los padres con hijos
superdotados han vivido esa experiencia a través de sus hijos, los han visto
sordos, absortos y ausentes completamente inmersos en esa actividad que les
fascina. Eso es el auténtico estado del fluir, la esencia de la felicidad.
Para Martín Seligman, otro grande de la
psicología positiva, el ser humano es feliz cuando alcanza sus propósitos y su
vida tiene un sentido. Sin embargo, vivimos en un mundo que ha confundido
felicidad con hedonismo, una suerte de felicidad bulímica que ha creído que
acaparar bienes materiales nos dará lo que todos buscamos.
https://elpais.com/elpais/2019/04/24/mamas_papas/1556089798_100352.html




Comentarios
Publicar un comentario